Motivación y running

Este es un artículo sobre un tema aparentemente soft, de aquellos aspectos que no son cuantificables y que se nos escapan, a la vez es fundamental en cualquier aspecto de nuestra vida y en particular en el corredor popular. Con toda seguridad, los psicólogos deportivos pueden aportar mucho conocimiento y experiencia sobre este tema. Es por esto, y por respeto hacia esa profesión y especialidad por la que de he de comentar que este artículo está básicamente fundamentado en mis experiencias y en la propia vivencia propia como corredor y en la de muchos compañeros de kilómetros.

A diferencia de otros artículos, en la que muchos comentarios están basados en el conocimiento científico y en técnicas actuales de entrenamiento, en este se tratan vivencias y apuntes que pueden ayudar al corredor a sentirse motivado. No es tan extraño encontrarse con corredores que en determinados momentos dejan de correr, incluso por largos periodos, por no estar motivados.

Para poder entrar en este tema, es necesario empezar por definir que se entiende por motivación. Existen muchas definiciones, si bien todas apuntan en la misma línea. Veamos dos de ellas.

La motivación se define como aquellos sentimientos, ideas, estados internos, creencias y sensaciones que llevan a la persona a ciertas conductas o a ciertas decisiones. Este es el fenómeno que explica porque la persona actúa o deja de actuar.

Si tomamos una de las definiciones de la RAE. Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

En esta última definición aparece algo interesante que son los factores internos y externos.

En lo primero que tenemos que pensar es que en general tenemos una situación privilegiada en cuanto nos referimos al sur de Europa. Desde un punto de vista general, tenemos acceso a material deportivo de muy buena calidad, a información relacionada con el entrenamiento, disfrutamos de un clima que nos permite correr a prácticamente cualquier hora del día durante todo el año y disponemos de muchas carreras populares prácticamente cada fin de semana de todo el año. Es decir, tenemos el entorno, los factores externos ideales para la práctica del running.

En mi opinión los principales factores motivacionales son los internos ya que los externos normalmente son lo que se denomina carenciales, es decir, que si los tengo no me motivan, pero si me faltan me desmotivan. Pensemos en que no tenga zapatillas de correr, que este lloviendo mucho, que solo pueda entrenar a pleno sol y a 40ºC. En estas circunstancias la motivación de nula, mientras que si tengo zapatillas, no llueve y la temperatura es de 18ºC no necesariamente estaré motivado para salir a entrenar o a correr.

Si hacemos una cronología de la vida de un corredor popular, podemos decir que sus inicios normalmente están fundamentados en un reto u objetivo personal de hacer más kilómetros en cada salida, de “aguantar” más. Si logra pasar este estadio en el que las agujetas, el cansancio y las lesiones pueden llegar a ser habituales por exceso de entrenamiento para un organismo que no estaba acostumbrado a correr, llega el momento del gusanillo de las populares.

Aquí la motivación suele ser fácil de encontrar porque si el entorno (trabajo, familia, responsabilidades varias) lo permite, el hábito del entrenar lleva indudablemente a mejores registros en cada carrera que haga siempre y cuando tenga un mínimo de sentido común en los entrenamientos y no compita cada semana. Los nuevos logros invitan a nuevos retos, sea de bajar marca o de atreverse con distancias más largas como puede ser hacer la media o la maratón. En este periodo, la motivación por correr suele ser muy alta porque la recompensa y los logros están ahí y son continuos.

Cuando en corredor popular llega a esa meseta en la que cree que no puede mejorar, o en la que realmente ha llegado a su máximo, empiezan a aparecer problemas motivacionales. Ya no se mejora, es frustrante ver como en cada carrera para alcanzar el mismo registro de tiempo se tiene que ir más al límite o lo que es peor, que cuando uno compara tiempos en la misma carrera en dos años seguidos comprueba que incluso disminuye su registro.

Es en ese momento en el que se producen tres circunstancias básicamente:

  • Abandono el deporte de la carrera. Ya no es motivante.
  • Cambio a una disciplina diferente. Cuantos son los corredores que han pasado del asfalto a la montaña porque en esta modalidad el tiempo tiene una importancia muy relativa y se valoran más otros aspectos y se pueden plantear retos diferentes.
  • El corredor se ve abocado a replantearse sus objetivos.

Y es precisamente el aspecto de los objetivos el principal factor a considerar. Sin objetivo no hay motivación y no hay acción. Esto es fundamental y curiosamente a lo que uno pueda pensar, el objetivo no necesariamente tiene que ser de competición.

El deporte de competición es lesivo porque ponemos a nuestro cuerpo en límites muchas veces más allá de lo razonable. Sin embargo, la mayoría de nosotros podemos estar dispuestos a este riesgo por la satisfacción de la propia competición. Es este riesgo de lesión en competición uno de los principales motivos por los que debemos seleccionar muy bien cuando y que competiciones realizar y, muy especialmente, con el paso de los años en el que la recuperación es cada vez más lenta.

Pero si bien el deporte conlleva potenciales riesgos de lesión, el ejercicio es salud. Correr de forma moderada y habitual tiene unos beneficios que ya nadie niega. Ese objetivo de salud, que puede ser alcanzado con la carrera o con a la combinación de varios deportes es fundamental. Esto permite un mejor control del peso corporal, una mejor salud cardiovascular y muchas otras ventajas ampliamente demostradas con la realización de ejercicio.

Volvamos ahora a la otra gran vertiente de objetivos como son los de la competición. Estos son fundamentales para tener la motivación de salir a entrenar (carrera y fuerza) incluso en días de lluvia fina en la que la gran mayoría de corredores desisten de salir con la excusa de que llueve. Es de importancia capital marcarse unos objetivos sea de realización, de tiempo o ambos en una temporada. Correr la San Silvestre, hacer una maratón el año que viene, mejorar la marca de 10 K, quedar entre los X primeros de mi categoría, lo que sea. Esos objetivos deberían ser pocos para poder realizar unos planes de entrenamiento focalizados a ellos y focalizar nuestra mente en ellos. Pongamos el ejemplo de la maratón. Estamos en julio y me planteo correr la maratón en marzo del año que viene. No voy a decir que llego tarde, pero si que tengo nueve meses por delante en que mi mente como corredor estará totalmente enfocada en ese gran objetivo. Esto me llevará a marcarme objetivos parciales tanto de entrenamiento como de carreras. Serán pocos objetivos parciales, no muchos, porque mi OBJETIVO en mayúsculas es otro.

El planteamiento de objetivos a largo plazo en una temporada ayuda enormemente a la motivación del entrenamiento. El improvisar objetivos a corto plazo ayuda al fracaso y a la desmotivación por falta de logros con el consiguiente abandono de los entrenamientos.

La casuística, las diferentes circunstancias personales, familiares o profesionales, la propia persona en sí hacen que este sea un tema amplísimo y que no es objeto de este artículo.

Llegado este momento, vamos a relacionar una serie de aspectos o herramientas que pueden ayudar a mantener la motivación en el entrenamiento.

  • Marcarse un objetivo a largo plazo con objetivos intermedios.
  • Paciencia, paciencia y paciencia. Especialmente en los inicios de este deporte o en el retorno después de un periodo prolongado o lesión, saber que se necesitará un mínimo de tres meses para que el organismo haya realizado las adaptaciones necesarias para empezar a disfrutar de este deporte. Todo lo que sea intentar adelantar este proceso nos puede conducir a sufrir innecesariamente, a la frustración y al abandono del entrenamiento.
  • Conocer, aunque sea someramente, que esconde cada sesión de entrenamiento. Conocer que esas “aburridas” y a veces largas sesiones de rodaje lento en las que el atleta se aburre, se queja de que puede ir más rápido y no se cuantas cosas más, son fundamentales para mantener el gesto de carrera, por factores metabólicos y para recuperarse de las sesiones más intensas. Que son en estas sesiones en las que se consigue el fundamento sobre el que se sustenta el rendimiento en carrera de resistencia, que existen ya demasiados estudios y evidencias de que esto es así y  de que el riesgo de lesión disminuye considerablemente.
  • Para los días de entrenamiento más exigente cambiar el pensamiento mental. Así, por ejemplo, si tenemos un controlado a 4:00 min/Km y tenemos que hacer 25 minutos, ir a buscar los parciales de cada kilómetro. Si tenemos series largas en pista, controlar parciales de vuelta, parciales de quinientos o mil. A nivel de experiencia propia, llegué a realizar un entrenamiento de 20 Km dando vueltas a un campo de rugby que la cuerda tenía 400 metros. Nada más pensar que tenía que hacer 50 vueltas no era precisamente de lo más motivante, pero tenía dos factores motivacionales:  estaba preparando maratón (gran objetivo de la temporada) y mentalmente iba controlando pasos de vuelta y de kilómetros hasta completar ese total de las 50 vueltas.
  • No acabar agotado en un entrenamiento. El gran daño que hacen las RRSS con mantras tales como “no pain, no gain” es indescriptible. El copiar entrenamientos de atletas de élite que genéticamente están mejor preparados que nosotros para la carrera y que tienen toda la supervisión del mundo también. Evidentemente que se necesita crear adaptaciones gracias al entrenamiento, pero jamás llegar al extremo del agotamiento. Todo entrenamiento tiene que acabar con buenas sensaciones. Se puede acabar cansado y con buenas sensaciones. Esto es imprescindible. Si el corredor acaba exhausto, además de ser contraproducente, provocará que la motivación para volver a entrenar baje. No es lo mismo afrontar una sesión de entrenamiento sabiendo que puede ser más o menos dura, que se puede realizar, que al final va a acabar contento y que la va a recuperar bien, que saber que se va a sufrir mucho y va a tener una recuperación costosa. En el primer caso, el corredor estará esperando a la siguiente sesión similar de entrenamiento, mientras que, en el segundo, las excusas mentales y de todo tipo para no hacerla se incrementan de forma muy significativa, porque estas “matadas” de entrenamiento no son plato de gusto para nadie.
  • Cambiar de recorrido si es posible. La variedad en el recorrido puede evitar esa monotonía de realizar siempre el mismo trayecto. A veces no es posible, pero en el caso de poder hacerlo y entrar en riesgo de monotonía, vale la pena plantearse un cambio de recorrido.
  • Igual al anterior en el caso de asfalto a montaña o viceversa, de montaña a asfalto, aunque este último punto pueda parecer un pecado mortal para un corredor de montaña.
  • Entrenamiento con música. Esto es algo que muchos corredores ya utilizan y muchos atletas en días de entrenamientos más intensos. De todas maneras, vale la pena tener días en los que sintamos nuestro cuerpo, nos centremos sentir a nuestros pies, luego nuestros gemelos, abdominales, que relajemos tensiones de hombros etc.
  • Entrenamiento en grupo. Esto factor motivacional es un clásico, no puede faltar. Hay muchos corredores, en especial aquellos que llevan muchos años corriendo, que no son amigos de correr en grupo. Conocen su cuerpo, saben sus ritmos, tienen claros sus entrenamientos y saben que el entrenamiento en grupo puede ser una distorsión, pero esto son unos cuantos corredores. Muchos otros tienen en el factor social una fuente de motivación. Poder correr en grupo, poder hablar de los entrenamientos o llegar al entrenamiento sin ganas de entrenar y verse rodeado de compañeros hace que la presión positiva del grupo empuje al entrenamiento. Una vez puestas las zapatillas, ya todo es diferente.

Y dejo para el final dos aspectos, quizás no tan conocidos, pero importantísimos:

  • Competir poco. La competición es un momento cumbre, es un momento estelar. Es aquel momento para el que se pueden llevar meses de preparación. Ese día, y con estas circunstancias, el cuerpo y la mente del atleta están en su punto más alto. Las probabilidades de éxito aumentan sustancialmente y con ello el disfrute de este magnífico deporte. Si disfruto, si estoy contento con mis resultados, la motivación para volver al entreno para afrontar el siguiente reto está ahí. Puede suceder que después de esta competición, haya un periodo de aparente desmotivación. Es normal, ya hemos conseguido aquello que buscábamos, y tras este periodo, vuelve a renacer la motivación por el próximo objetivo.
  • Continuidad en el entrenamiento. Este es un objetivo del que raramente se habla y que es un secreto que pocos corredores populares conocen. Para ser más exactos, hablamos de continuidad sin lesión. Esta continuidad sin lesión, de semanas, meses y años (si años) sin lesión hacen que el organismo no tenga que volver a la casilla de salida nuevamente, que no tenga que pasar por esos tres meses de readaptación de nuevo y que poco a poco, imperceptiblemente pueda mejorar o en atletas veteranos mantener el nivel de rendimiento que en otras circunstancias sería con toda seguridad decreciente. Pero no solo eso, la sensación de bienestar que se alcanza con la ausencia de lesión prolongada es un factor motivante de primer orden.

Para aquel corredor al que le gusta competir y conseguir marcas, estos dos últimos puntos son clave y en muchas ocasiones imprescindibles.

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