Roser

Roser fue la capi del equipo 16, como ella dice “La culpable”.

La culpable de que tod@ nosotr@s nos embarcáramos en esta “locura” y por ello no me queda mas que darle las gracias.

Roser es de aquellas personas que en un momento determinado se cruzan en tu vida, y no sabes porque pero congenias de una manera especial, para mi se ha convertido en mas que mi amiga, es como si fuera mi hermana, esta es otra de las cosas en las que debo estar eternamente agradecido a esta peña y es ayudar a que ella se cruzara en mi vida.

Es una persona especial, de aquellas que no te dejan indiferente y con mucho carácter, eso hace ciertamente que haya gente que le cueste llegar a ella, pero cuando se le conoce puedes ver el gran corazón que tiene.

Bueno no me quiero enrollar mas y os dejo con sus impresiones de la Onco:

La culpable.


Esta soy yo, sin duda, y no me arrepiento.

Para mí la experiencia vivida fue un tanto diferente que por mis compañeros, puesto que era la tercera vez que participaba. Así pues, lo mejor sería explicar un poco como llegó a mí la Oncotrail.

Por desgracia, llegó a mí como llega a mucha de la gente que participa, debido a la pérdida de alguien querido, por el maldito cáncer. Y es que aunque parezca mentida y muy bonito de explicar para la ocasión, mí primera carrera ahora hace unos 7 años fue una carrera solidaria para recaudar fondos para un equipo de la Oncotrail. Uno de sus miembros había perdido a su mujer, y animó a sus compañeros a formar un equipo para poder participar, entre los cuales se encontraba mi pareja.

Correr yo? Cómo tenía que correr yo? Si no lo había hecho nunca. Pues si, tenía que hacerlo, quería hacerlo, pues los motivos eran mucho más grandes que cualquier duda o miedo que me pudiera generar. Quería aportar mi granito de arena, necesitaba sentir que hacía algo para ayudar, y lucharía para hacer aquellos 5km, pues mi lucha no tenía ni punto de comparación con la lucha que le había tocado hacer a mi querido primo.

Y aquello tan solo fue el principio. Llegó el día de vivir mi primera Oncotrail, desde fuera, siguiendo al equipo de mi pareja. Y el que viví es difícil de describir. Todos los valores que se juntaban en aquel día eran increíbles. La gente que participaba transmitía una ilusión, una pasión por lo que estaban haciendo que parecía irreal. Meses de preparación, nervios, emoción, compañerismo, traducido en horas y horas compartidas de caminos y rutas increíbles, con un objetivo común: acabar. Recorrer juntos 100km por la ayuda a los enfermos de cáncer, qué locura!! Pero qué satisfacción, verdad?

Tuve la suerte de vivir la experiencia varias veces… podría vivirla algún día desde dentro? Lo pensaba alguna vez, pero son aquellas cosas que te pasan por la cabeza sin tomarlas seriamente.

Os diré que para mí fue la experiencia vital y deportiva más importante de mi vida

Pues sí, un mes antes de la edición del 2017, unas compañeras se quedaron sin un integrante del equipo. Participas con nosotros? No me lo pensé dos veces. Un sueño hecho realidad, y por no alargarme demasiado, cosa que veo que estoy haciendo, os diré que para mí fue la experiencia vital y deportiva más importante de mi vida. Repetí, por supuesto, y después de vivir la experiencia dos años con este equipo, me rondaba por la cabeza algo descabellado…. por qué no compartir esta experiencia con mi familia? Mi familia blanca y azul, por supuesto.

A partir de aquí ya sabéis el resultado… cual fue mi sorpresa cuando, con miedo, hice la propuesta al grupo, y no salió un equipo sino que tuvimos los “pebrots” de hacer dos. Qué podía salir mal? A partir de aquel momento solo surgieron cosas buenas e increíbles. La preparación, los entrenamientos, las quedadas, las lesiones, las risas, las bromas, los llantos… si también los llantos, y es que si hay algo que hace grande la Oncotrail es que se comparte absolutamente todo, incluso, el dolor en todos sus sentidos.

Formamos dos grandes equipos, con su gran equipo de asistencia, pero nuestro equipo no se acababa aquí, lo completaban todos aquellos familiares, amigos o seres queridos de cada uno de nosotros, que ya no están, pero que nos acompañaron desde algún lugar.

Conseguimos lo que nos proponíamos. Y yo, como culpable, tenía otro gran propósito, que era que mis compañeros vivieran esta experiencia que por mí fue vital. Y sé que, en más o menos medida, lo conseguí.

Si repetiré? Sin duda.

Roser Marti.

Equip 16.

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