¿Es bueno correr?

Millones de personas se calzan unas zapatillas cada día para salir a correr por calles, montaña o pista ya sea por diversión o por entrenamiento en busca de algún objetivo.

Paralelamente, cada año conocemos corredores que se lesionan o tiene que dejar de correr por lesiones crónicas e incluso que dejan sus vidas en entrenamientos y sobre todo en competiciones. En este último caso son pocos, pero realmente es así en sentido literal.

Con todo esto, ¿es realmente bueno eso de correr?

Como casi todo en la vida existe un amplio matiz de grises, pero se puede afirmar que sí en una muy amplia mayoría de casos.  Correr aporta una serie de beneficios demostrados por múltiples estudios y experiencia acumulada. Básicamente, los principales beneficios se podrían cifrar en los siguientes aspectos:

1.- Retrasa la vejez en cuanto se observa una mejor calidad de vida entre corredores y personas sedentarias.

2.- Se reducen las posibilidades de sufrir un ataque al corazón. Es conocido que los cardiólogos aconsejan de forma generalizada la práctica deportiva y en particular correr que salvo en cardiopatías que lo impidan. A modo de indicación, la OMS recomienda un mínimo de 150 minutos de ejercicio intenso (tipo carrera) en la población adulta.

3.- Fortalece músculos y huesos por el proceso de adaptación de las cargas sufridas dentro de la carrera.

4.- Previene enfermedades. Aumenta el HDL (colesterol bueno), disminuye la propensión de coágulos, aumenta la elasticidad de las arterias, reduce los niveles de azúcar en sangre, aumenta la sensibilidad de la insulina, disminuye el riesgo de Alzheimer etc.

5.- Mejora la flexibilidad y la coordinación.

6.- Aspectos psicológicos. Aumenta la autoestima, la confianza, la determinación. Disminuye el stress cotidiano y sus con ello sus consecuencias negativas, genera endorfinas. Desarrolla relaciones personales en aquellos corredores que corren en grupo o en clubs y asociaciones.

Para que todo lo anterior se cumpla, y en especial para corredores veteranos (mayores de 35 años) se tienen que observar algunas premisas que se pueden resumir en tres puntos:

a.- La casi obligatoriedad de realizar un control médico que nos confirme que somos personas sanas sin problemas para correr.

b.- Que escuchemos a nuestro cuerpo. Nadie mejor que él, sabe si “nos estamos pasando”. Si eso es así, la lesión tardará poco en llegar. Esto no significa no hacer un entrenamiento en la que podamos forzar a nuestro cuerpo, pero de aquí a “pasarnos” hay la gran diferencia entre la lesión o la mejora en el rendimiento deportivo. Especial cuidado en aquellos que después de años sin realizar actividad física se lanzan de forma descontrolada a correr o a emular a profesionales superdotados en carreras de Ultra resistencia que necesitan tener un cuerpo privilegiado y años, si años, de adaptación al esfuerzo. En estos casos, claramente el balance final es claramente negativo.

c.- Entender que si se corre y entrena para competir un plan de entrenamiento lo más individualizado posible es la clave para alcanzar los mejores resultados que vuestro cuerpo y circunstancias os puedan permitir.

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