Muchos son los corredores que en sus primeros kilómetros como runners tienen dudas y preguntan a otros corredores cual es la mejor manera de respirar mientras se corre. Normalmente la pregunta suele ser si se coge el aire por la nariz, por la boca o por ambos a la vez. Todas estas inquietudes dejan de serlo en cuanto el corredor interioriza su propio ritmo de respiración, siendo en la mayoría de los casos el de dos inspiraciones seguidas para a continuación hacer dos exhalaciones seguidas.
¿Nariz o boca? La respuesta viene dada por la propia experiencia, puesto que el volumen ventilatorio va aumentando linealmente con la intensidad se produce un momento en el que es simplemente imposible no inhalar con nariz y boca. Recuerdo en mis inicios como corredor, que un atleta con muchos años de experiencia y kilómetros en sus piernas me dijo que si podía coger aire con las orejas, que no lo dudara y que lo hiciera. Esto ya da una idea de la importancia que la captación de aire tiene y del posterior transporte de oxígeno a los músculos.
Y a partir de ese momento en el que el corredor ya tiene interiorizado el mecanismo de la respiración, esta se olvida y forma parte de un patrón natural automático. Ahora el corredor se concentra en los kilómetros, las series, los ritmos, los planes de entrenamiento, el tipo de zapatillas y en muchos aspectos relacionados con lo que es la carrera en sí, ya que al corredor le gusta correr y en una gran mayoría de casos le faltan los conocimientos suficientes para llevar un entrenamiento eficiente. En estas circunstancias el corredor se olvida o desconoce otros aspectos que tienen su importancia a la hora de hablar de rendimiento. En artículos anteriores se ha insistido sobre la importancia del entrenamiento de fuerza y se han tocado aspectos muy generales de nutrición.

Sin embargo, hay un aspecto muy olvidado desde el punto de vista deportivo (no así desde la óptica de la clínica) que es el del sistema pulmonar y su influencia en el rendimiento deportivo.
Sabemos que a través de la respiración se capta oxígeno que mediante la hemoglobina y a través del bombeo del corazón es llevado a los órganos de cuerpo a través de la sangre para que se atiendan las necesidades de funcionamiento del organismo. En el caso del músculo, ese funcionamiento es el de contracción y consecuentemente esta tiene una relación directa con la carrera.
En carrera a medida que vamos aumentando el ritmo aumentan las necesidades energéticas y con ello aumenta también el gasto cardíaco, que no es otra cosa que el volumen de sangre bombeado por minuto. Este aumento es lineal con la intensidad del ejercicio hasta que alcanza su máximo. A partir de ahí, aunque haya incluso un aumento de ritmo de carrera ya no aumenta más y se mantiene estable hasta el agotamiento. Esto nos indica que el gasto cardíaco es un limitante del rendimiento.
En paralelo el volumen ventilatorio, expresado en litros de aire inhalados por minuto también va aumentado de forma más o menos lineal hasta alcanzar su máximo en ese punto de agotamiento. Sin embargo, este máximo ventilatorio es inferior al que se esa misma persona alcanza en un escenario de hiperventilación voluntaria, o lo que es lo mismo, aún podría aumentar esos litros por minuto de ventilación ya que no ha llegado a su máximo potencial.
Para poder respirar y muy especialmente en la fase de inhalación, se ponen en marcha una serie de músculos respiratorios que tienen la misma tipología que cualquiera de los músculos locomotores de las piernas, por lo que también necesitarán oxígeno para ejercitar su función. Se estima que el consumo de oxígeno de estos músculos respiratorios alcanza entre un 8 y un 16 % del VO2max en ejercicios de alta intensidad y que según estudios realizados por varios fisiólogos del deporte el gasto cardíaco asignado a estos músculos está entre el 14 y el 21 % cuando el gasto cardíaco es un limitante del rendimiento.
Parece lógico que si pudiéramos entrenar estos músculos respiratorios ayudaría al rendimiento.
Esto tiene unas implicaciones en el rendimiento deportivo que pueden llegar a ser relevantes. Los músculos respiratorios compiten con los locomotores en la captación de oxígeno y presentan fatiga al igual que los locomotores con una disminución de la potencia de inhalación máxima.
Dicho de forma más entendible estos músculos también se fatigan, van perdiendo fuerza a la hora de coger aire y esto tiene consecuencias en el rendimiento deportivo tanto en pruebas de intensidad como en aquellas de esfuerzos prolongados tipo media maratón o maratón.
Diversos ensayos en deportistas han demostrado que mediante mecanismos externos se ayuda a los músculos respiratorios (algo comparable a la respiración asistida en hospitales) existe una relación directa en la percepción de esfuerzo tanto en los músculos locomotores, disminuye la sensación de falta de aire (disnea) y aumenta la duración del ejercicio hasta el agotamiento entre otros aspectos.
Además de todo lo anterior al tener los músculos respiratorios la misma tipología que los músculos locomotores, la fatiga de esos músculos respiratorios pueden inducir a repuestas del organismo que afecten a conjunto del sistema muscular incluyendo los músculos locomotores mediante una reducción de los impulsos corticales descendentes y una posible restricción de la llegada de sangre a estos lo que provoca una perdida de rendimiento en estos músculos y sensación de cansancio. Lógicamente esto provoca un rendimiento comprometido.
Pero no solamente esto, diversos estudios demuestran que existe una interferencia a modo de competencia entre los músculos respiratorios y los locomotores que tiene también una implicación directa en el rendimiento. Dicho de otra manera, que los músculos respiratorios pueden “robar” oxígeno que deja de ir a los locomotores y emitir señales al cerebro de descenso de actividad por cansancio.
Con todo lo anterior, cabe preguntarse si el entrenamiento específico de los músculos respiratorios contribuye a una mejora del rendimiento o si simplemente no es necesario y con la propia actividad del deporte estos ya mejoran los suficiente.
Para contestar a esto, nada mejor que acudir a los estudios realizados en los últimos quince años que demuestran que efectivamente el entrenamiento de los músculos respiratorios conduce a una mejora del rendimiento, demostrado según diversas variables y a un desplazamiento de la curva de lactato hacia la derecha y hacia abajo, que es uno de los objetivos de todo entrenador y que tiene lógica si pensamos que este grupo de músculos interviene intensamente en la carrera como ya sabemos todos.
En un siguiente artículo hablaremos de métodos de entrenamiento de la musculatura respiratoria.
